Es el año de 1963 y en Uruguay, pequeño país de América del Sur comienza a gestarse la primera transnacional de la industria cárnica que conoció la humanidad.
Esta historia involucra a tres personajes fundamentales. En primer lugar, al químico Justus Von Liebig considerado el Newton del siglo XIX y fundador de la Química orgánica. Por otro lado, el químico Max Von Pettenkofer, fundador de la Higiene como disciplina científica y padre de la Bacteriología, con quien Liebig trabajó arduamente en sus investigaciones para lograr aplicaciones prácticas de la Química referida a la vida de plantas y animales. Estos científicos encontraron en el Ingeniero George Christian Giebert el afán emprendedor y la capacidad técnica necesarios para convertir sus investigaciones en productos de elaboración industrial, que lograrían en pocos años producir y distribuir a lo largo y ancho del planeta.
Uruguay, con un desarrollo cultural y jurídico distintivos, aportó a esta virtuosa ecuación un interés especial en consolidar y sustentar la ganadería con una constante legislación para la promoción y el desarrollo de los emprendimientos ganaderos. No en vano es el único país en el mundo que luce un vacuno en su escudo nacional. Así es que Giebert se instala en Fray Bentos, con la “Societé de Fray Bentos Giebert et Cie.”, adquiriendo un gigantesco campo de excelentes pasturas naturales, junto a un conveniente puerto fluvial de aguas profundas.
George Christian Giebert diseña, no solamente los procesos industriales sino también la maquinaria para la producción a gran escala del extracto de carne consiguiendo un producto de mejor calidad que el farmacológico obtenido previamente por Liebig y Pettenkofer, quienes entusiasmados aprueban de inmediato el comienzo de la producción. De esta manera, un producto de la industria farmacéutica se podría convertir en alimento para millones de personas golpeadas por el hambre y la desnutrición en todo el planeta. Las condiciones de Liebig exigían que el costo del extracto de carne estuviera al alcance de todos.
En apenas tres años, las ventas fueron tales que el 4 de diciembre de 1865 Giebert, junto a un grupo de inversores, fundan el Liebig’s Extract of Meat Company Limited – o LEMCO -, con un capital inicial de 500.000 libras esterlinas. Una empresa que llegó a cotizar en la bolsa de Londres, centralizar la distribución mundial en el puerto de Amberes y enviar a sus gerentes en viajes trasatlánticos en sus propios barcos a vapor.
En todas las fábricas que LEMCO abrió en el mundo, se instalaron laboratorios químicos muy similares a los de I+D (Investigación y desarrollo) tal como se conciben hoy en día, que hicieron de LEMCO una empresa tecnológica diversificada y de vanguardia en su época.
La confiabilidad de los productos que lucían la firma Liebig en azul se basaba en la calidad e higiene de los procesos aplicados, dados a conocer por novedosas campañas mundiales de publicidad. Entre ellas está la famosa colección de cromos Liebig gracias a lo cual conocemos hoy de primera mano cómo se veían las instalaciones de LEMCO en Uruguay.
Pero la capacidad innovadora de Giebert, Pettenkofer y Liebig no se detuvo con la invención del extracto de carne. Al tiempo que comenzaban esta producción. Giebert pudo hallar la fórmula definitiva del ansiado fertilizante mineral que Liebig había buscado desde sus primeras investigaciones. Con un rendimiento agrícola muy superior al guano, comenzaron la producción en 1868 y el éxito de ventas superó los demás ingresos anuales de la fábrica.
En LEMCO se crearon más de 200 productos, se perfeccionaron los métodos de extracción de grasas de la carne; diversos tipos de semillas para pasturas inventaron los cubos de sopa OXO que la empresa Premier Foods continúa produciendo. También, se inventó el método de conservación al vacío, trascendente innovación utilizada actualmente en todo el mundo para la comercialización de carne fresca.
Así es que Uruguay comienza a fabricar productos cárnicos, con alto valor agregado apoyado en la investigación tecnológica, tradicional explotación extractiva de materias primas del continente americano.
En este territorio con más de 400 años de tradición ganadera LEMCO y el espíritu emprendedor de sus fundadores forman parte primordial de su historia.
La filosofía de aquellos innovadores nos sigue impulsando hacia el futuro.